En ferretería no se venden productos, se venden proyectos
El cliente que entra a una ferretería rara vez sabe exactamente qué necesita. Sabe lo que quiere lograr: colgar una repisa, arreglar una llave que gotea, pintar una pieza. Entre esa intención y la boleta hay una conversación técnica que alguien tiene que tener con él: qué tarugo corresponde a ese muro, cuántos litros de pintura lleva esa superficie, qué sellante sirve para exterior.
Esa conversación es donde se gana o se pierde la venta. Si el cliente encuentra a un vendedor que domina el tema, sale con el proyecto completo. Si no lo encuentra, compra lo mínimo para salir del paso, o se va con las manos vacías a preguntarle a otro. El problema es que los buenos vendedores de ferretería son escasos, caros de formar y no pueden atender a diez personas a la vez.