La pregunta que frena la venta: “¿esto me va a servir a mí?”
En belleza casi nadie compra a ciegas. Antes de decidirse, el cliente quiere saber si ese tono le va a quedar bien, si ese producto es compatible con su tipo de piel, o qué le conviene más entre dos opciones parecidas. Es una pregunta legítima y, sin alguien que la responda bien, termina en un carrito abandonado o en una compra a medias que después se devuelve.
En la tienda física esa pregunta la resuelve una vendedora capacitada, pero no puede atender a todas las personas del local a la vez, y en la web simplemente no hay nadie. El resultado es el mismo en ambos casos: el cliente se queda con la duda y se va a buscarla en otro lado, muchas veces en la competencia.